Disertació sobre lutheria

Forma parte de un estudio que estoy preparando para ofrecer conferencias sobre el tema.

Los almacenes de madera someten a un secaje rápido introduciendo esta en unos almacenes “megaestufa” y en poco tiempo ha perdido la humedad. Esta madera secada artificialmente, vuelve a recuperar la humedad rapidamente. Un ejemplo de ello es cuando se usa para parquet y una vez instalado, las piezas se aprietan unas contra otras ejerciendo tal presión que llegan a formarse crestas y a levantarse. Es lo que pasaría en verano si los railes de tren se colocasen tocándose por sus extremos. Para que la madera no sufra cambios de volumen hay que semarla. Semarse es perder volumen la célula de la celulosa de la fibra vegetal. Si colocamos una manzana en un lugar que esté por debajo del 50% de humedad relativa, no solo pierde la humedad sino que a la vez disminuye su tamaño. Las paredes de la célula de la celulosa pierden su tamaño comprimiéndose. Este proceso no se consigue de un día para otro. Esta pédida de volumen debe además consolidarse. Una vez troceada la madera que vamos a semar, hay que introducirla en una caja de madera (en mi caso utilizo palets europeos de 1,20 x 0’90 m que disponen de paredes de 1 metro de altura y tapa de madera) con una capa de viruta en la base (en mi caso utilizo la viruta que consigo al tornear las dulzainas). Sobre este lecho de viruta deposito las porciones de madera a semar sin que se toquen. Cubro esta capa de tacos y sus espacios intermedios con más viruta y procedo a colocar otra capa sobre la primera hasta llenar la caja. Como la viruta la obtengo durante el año, cuando corto madera de ginjolero a partir del día de la luna nueva de Enero, enseguida hago esta operación. Se produce así un efecto de intercambio anaeróbico de osmosis. La viruta absorbe por capilaridad la humedad de los tacos y a través de ella se evapora el agua. Al ser la caja exterior de madera, la velocidad con que va exudando a la atmósfera dicha humedad, es lenta pero constante. Cada dos años desmonto el palet de madera y tomo medidas de humedad mediante un higrómetro específico para madera dotado de un juego de varios tipos de ánodos según mida la humedad de las virutas o de los bloques . Devuelvo las piezas a la caja colocando las que estaban en el fondo en la superficie y al revés. De esta manera, controlo también la formación de colonias de hongos que pudieran formarse.Esta manera de semar las piezas me permite trabajar la madera con unos índices de humedad muy bajos y con la garantía de que una vez fabricado un instrumento no va a tener variaciones de volumen. He observado con los años disminuciones de hasta un 8 % según los casos. No trabajo nunca una madera con menos de 8 años de semaje.La madera que estoy trabajando actualmente tiene un tiempo de semaje de 12 años. Calculo que son unos dos años de este proceso por cada 2 cm de radio. La madera una vez acabado un instrumento de viento, hay que bañarla con aceite de almendras (preferiblemente amargas). He conseguido almendras amargas y dispongo de la manera de extraer el aceite. El aceite de almendras dulces también sirve, pero se usaba antiguamente el de almendras amargas porque el componente que confiere el sabor amargo es venenoso (sanidad lo prohibió) y hace que los xilòfagos ni se aproximen. En una tesis doctoral de un ingeniero que investigó sobre la acústica de la madera tomé nota de que un instrumento de viento sometido a cambios de humedad por efecto del aliento del músico tiene una vida “útil” de unos 25 años. Es por lo cual que utilizo 6 dulzainas personales usándolas durante 2 o 3 meses seguidos y dejándolas descansar hasta acabar el ciclo, les calculo una vida de unos 150 años que superan con creces mi esperanza de vida.
El granadillo y el ébano son buenas maderas pero tienen el inconveniente que nadie sabe el tiempo que ha pasado desde que se cortó el arbol, en que temporada fué,cuanto tiempo ha estado a la intemperie o dentro de la bodega de un barco, en un muelle de un puerto, etc, etc,. En la casa de Boltaña donde estoy durante el Pirenostrum había un par de troncos de más de 200 años y Manuel de Casa Viu que así se llama me los regaló hace 8 años. Trabajé esa madera y acabó torciéndose . Al boj al que yo califico de “salvaje” , no hay quien lo someta. A corto o muy largo plazo,acaba torciéndose. Una de mis gaitas de boto es de este boj y tiene un bonito clarín arqueado que eso sí, suena muy bién. Sin dudarlo para mí el ginjolero es el Rolls Royce de las maderas. Tiene la mejor capacidad sonotransmisora. No se comercializa en almacenes y hay que proveerse de ella directamente en le campo. Después de tratarla según he indicado, puedo dar garantía total de la trazabilidad desde el corte del arbol hasta la entrega del instrumento.

 

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